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El
Ayuntamiento de de Cangas de Morrazo está situado en el extremo sudoeste
de la Península del mismo nombre, en pleno corazón de las Rías
Baixas gallegas, entre las rías de Vigo y Pontevedra y flanqueada por
las Islas Cíes y Ons.
Cangas goza de un clima excepcional de tipo oceánico, húmedo, con inviernos muy suaves y veranos secos y cálidos. Testimonio de ello es la temperatura media anual que alcanza los 16° C; siendo la temperatura media en enero entre 10 y 12° C, y en los meses de verano entre 20 y 22°C.
Con 38,1 km2, tiene aproximadamente 24.000 habitantes y su capital es Cangas. Tiene 54 entidades de población y 5 parroquias: Aldan, Cangas, Coiro, Darbo e Hío. Dista 28 km de Pontevedra.
En
coche particular:
En autocar:
En ferrocarril:
En barco:
En avión:
El
nombre de Cangas aparece por primera vez en la Historia en un documento de 1160,
en el que el mismo rey Fernando II dona la heredad de Cangas, situada a orillas
del mar, a un tal Varela, presumiblemente un caballero. Empieza a ser citada
como villa a partir del siglo XVI, cuando se levanta la iglesia que pasaría
a ser Colegiata en 1545. En este momento se construyen otros importantes edificios
como el Hospital, y se configura ya como cabeza de Jurisdicción del Morrazo.
La segunda mitad del siglo XVI es la época de máximo esplendor
basado en la exportación de pescado a Portugal. Esta próspera
economía entra en crisis tras la invasión un 7 de diciembre de
1617 de piratas berberiscos. Poco después, entre 1619 y 1628, numerosas
mujeres de Cangas fueron juzgadas por el Tribunal del Santo Oficio (Inquisición)
por supuesta "bruxería". Este fue el caso de la más
famosa de las supuestas "meigas" de Cangas, o por lo menos la que
más trascendió de su tiempo, Maria Soliña.
En 1702, nuestras costas fueron escenario de uno de los más cruentos
combates navales, que recuerda la Historia de Europa, la Batalla de Rande. Los
vecinos vieron como una escuadra anglo-holandesa se adentraba en la ría,
persiguiendo a una flota franco-española procedente de América
con el más valioso cargamento que jamás hubiese cruzado el Atlántico.
Después de 1750 la actividad industrial de salazón pasa a manos
de los fomentadores catalanes que se instalan en Bueu y tienen fábricas
en Aldán e Hío. A comienzos del siglo XX, las salazones comienzan
a dejar paso a las fábricas de conserva que llevarán el protagonismo
de la actividad industrial.
Hoy la villa es un centro urbano que depende en lo económico del área
de Vigo; aunque el sector servicios es la actividad principal, sigue teniendo
importancia el sector pesquero.
La
Ex-Colexiata de Cangas es sin duda, junto al Cruceiro de Hío, la gran
joya artística del municipio, una joya que se fue forjando durante los
últimos 500 años de Historia, en la que cada época fue
añadiendo su propia aportación y estilo, si bien la mayor parte
de la construcción data del s. XVI.
La nueva edificación fue elevada al rango de Colegiata por el Papa Paulo
III en 1545, aunque se cree que el primitivo templo se remonta al menos un siglo
más atrás. La fachada, sin embargo, no se levantó hasta
1585, siendo proyectada por Jácome Férnandez, y constituye una
de las mejores muestras del arte renacentista en Galicia. También podremos
admirar la torre, del s. XVIII, distribuída en dos cuerpos con sendas
balaustradas. Una vez que penetramos en el interior, nos sorprenderá
la bóveda de crucería que corona las tres naves, si bien ésta
es relativamente reciente, pues fue construida entre 1901 y 1921. Pronto la
Capilla Mayor atraerá nuestra atención gracias a su espectacular
retablo barroco construido en 1744, entre cuyas imágenes destaca un Santiago
ecuestre y otro peregrino, patrón titular de la iglesia, además
del Cristo de Minerva, preciosa talla barroca en miniatura que data del s.XVIII.
Dispone la Ex-Colegiata de otras seis capillas, en las que podremos contemplar
tallas de enorme valor artístico, siendo la más afamada el "Cristo
que no quiso arder", que según el decir popular sobrevivió
milagrosamente en 1617, al incendio de la Colegiata por parte de los piratas
turcos. Pero sin lugar a dudas, ninguna goza de tanta devoción y admiración
como el Stmo. Cristo del Consuelo, sublime joya artística y excelente
muestra del naturalismo barroco español, esculpido por Juan Pintos en
1796.
Pocas
poblaciones de tan reducido tamaño poseen una ría propia, protegida
por Cabo Udra y Punta Couso. Aldán, es una villa marinera, donde el viajero
podrá contemplar las viviendas de este antiguo burgo de pescadores, mezcladas
con centenarios hórreos que nos muestra la pervivencia de una arquitectura
popular que ha sabido resistir el paso de los siglos. Especial atención
merece el paseo marítimo que conduce hasta el puerto bordeando la playa.
El
núcleo de la parroquia nos sorprende con la portada la Iglesia Parroquial
de San Ciprián, de trazas neoclásicas, y la torre almenada, que
se levanta tras los muros que delimitan el atrio parroquial. Una corta calle
nos llevará hasta la fachada del pazo, morada del noble linaje de los
Aldao, que señoreó estas tierras desde la lejana Edad Media. A
esta misma época corres
ponde el puente ubicado enfrente de la mansión, sobre el río Orxas.
Este curso fluvial acoge, molinos y rincones poblados de vegetación,
lo que puede servir como excusa para un paseo.
La iglesia de San Cibrán de Aldán constituye el mejor ejemplo
de arte neoclásico del municipio, y aunque el primitivo templo se remonta,
como mínimo, al s.XVI, el actual fue edificado de nueva planta en 1866.
La fachada cuenta con una hornacina que alberga la imagen de San Ciprián
y una altiva torre de dos pisos con balaustrada de piedra en cada piso. En el
atrio parroquial podemos admirar un hermoso mausoleo decimonónico, además
del arranque de la impresionante muralla que delimita los antiguos dominios
de los condes de Aldán.
La iglesia se rodea de casas de alegres balconadas que hunden sus raíces
en la más genuina tradición marinera, y en su entorno inmediato
podemos descubrir otros monumentos de excepcional relieve, como la Torre de
Aldán, el pazo de Vistalegre, el puente medieval sobre el río
Orxas o el sarcófago medieval de A Laxe
Coiro
es, fundamentalmente, una parroquia de interior, y su principal atractivo son
sus parajes como la "Carballeira de Coiro", uno de los Espacios Naturales
Protegidos con que cuenta nuestro municipio. Se trata de un bosque típicamente
Atlántico con especies como el roble, el aliso o el abedul, entre otras.
El río Bouzós, que atraviesa gran parte de estos términos,
esconde numerosos molinos, entre ellos el de "Fausto", restaurado
recientemente para que el viajero pueda comprobar cómo funcionaban estos
curiosos ingenios. Coiro es además tierra de pazos, pertenecientes a
importantes linajes hidalgos, vale la pena detenerse a contemplar los de A Retirosa
y O Xistro. Son asimismo numerosos los edificios blasonados, como el de O Cruceiro,
que aún ostenta el escudo de la Inquisición. También la
Casa Rectoral muestra dos buenas labras heráldicas, representando una
de ellas a la poderosa familia de los Mondragón, marqueses de Santa Cruz
de Rivadulla. Pero además, desde el privilegiado lugar que constituye
el atrio parroquial, se divisan unas preciosas vistas de todo el valle y la
ría de Vigo.
Pero lo más impresionante es la Iglesia de San Salvador, que posee una espléndida fachada del s.XVIII realizada por los hermanos Novas, donde destaca poderosamente una rutilante torre con una rica ornamentación barroca, inspirada en el estilo compostelano. Lo primero que llama la atención es su magnificiencia y su tamaño, acaso exagerado en comparación con el resto de la iglesia, pero que tiene su explicación en el patronazgo que sobre ella ejercieron los marqueses de Santa Cruz de Rivadulla.
Darbo,
al igual que las restantes parroquias del municipio, posee un litoral privilegiado,
pero es mucho más que arena y playa. En el Monte de San Roque nos toparemos
con una pequeña capilla. Allí disfrutaremos de una panorámica
de toda la villa y gran parte de la ría de Vigo. Los amantes del senderismo
encontrarán en el "Balcón do Rei" un entorno espléndido
para desarrollar su práctica deportiva favorita.
La parroquia es rica en distintas muestras de arte popular, como son los cruceiros
y los "petos de ánimas". Son también numerosos las capillas
y los pequeños santuarios de gran antigüedad, como los de San Pedro
y San Blas, pero no cabe duda de que la joya arquitectónica de Darbo
es la Iglesia Parroquial de Santa María. Construida en el S. XVIII, destaca
por su decoración y sus armónicas proporciones, que han dado como
resultado uno de los mejores ejemplos del barroco rural gallego. Un cruceiro
centenario custodia la entrada de la iglesia, tras la cual encontraremos una
preciosa fuente barroca
El
"Cruceiro de Hío" constituye una de las creaciones más
exquisitas que puedan haber salido de la mano del hombre. Pero es preciso contemplar
con detenimiento sus numerosas tallas, los múltiples rostros que lo animan
y le dan vida, para componer la Historia de la salvación de la humanidad.
Comenzando por abajo, observamos las cuatro escenas de la basa: Adán
y Eva consuman el "pecado original", mientras que la Virgen del Carmen
auxiliando a las ánimas del purgatorio, y Cristo en el limbo de los justos,
conforman la cara opuesta de la esperanza de redención. Ya en el fuste,
Eva y Adán se lamentan avergonzados tras la expulsión del paraíso,
pero pronto veremos la imagen de María, la gran intercesora de los hombres,
pisando la cabeza al dragón (al maligno) derrotado a su vez por los ángeles.
La escenificación del desenclavo de Cristo, enormemente emotiva, representa
el triunfo final de Dios sobre el pecado. Tras observar bien esta maravilla,
tallada en su mayor parte de un solo bloque de granito, llegamos al convencimiento
de que el maestro Cerviño estaba poseído por la genialidad: solo
así se entiende que en 1872 crease una obra que trasciende lo temporal,
para alcanzar las más altas cotas de expresividad artística.
Días 11 de cada mes, viernes y domingos
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