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Las sustancias
de los astros podrían ser diferentes o no de las sustancias terrestres,
pero, en todo caso, para Galileo no parecía que fueran más
puras o espirituales. La Tierra era tan pura o impura como los demás
astros. Era un astro, el tercer planeta. En su época todavía
no estaba definido de manera precisa el concepto de fuerza, de manera que
no creía en influencias mutuas entre los distintos astros. Pensaba
que todos los planetas tenían una tendencia natural a girar en torno
a un centro que ocupaba el Sol, y que ellos mismos ocupaban los centros
del giro natural de sus lunas. Giros circulares, por supuesto.
Bueno, pero en definitiva, si la Tierra se mueve tan velozmente,
¿cómo es que no lo notamos? Para responder a esta pregunta
será necesario que abandonemos por ahora los cielos siderales y descendamos
a la superficie terrestre (¿descender?). Galileo es famoso, más
que por sus descubrimientos astronómicos, por haber sido el
creador de la cinemática, y son precisamente sus descubrimientos acerca
del movimiento de los cuerpos sobre la superficie terrestre los que dan la
respuesta que buscamos.
La caída libre y la esfericidad de los astros:
Uno de
los descubrimientos que dieron más fama a Galileo fue el de que, cuando
podemos despreciar los efectos del aire, los objetos caen con la misma aceleración,
sea cual sea su masa y su naturaleza. Si unos objetos caen más lentamente
que otros es por la oposición del aire a su caída. Pero esto
rompe con la concepción aristotélica del movimiento natural
de los objetos. Para Aristóteles el aire y el fuego presentan una
tendencia natural a subir, y la tierra y el agua a bajar. El descubrimiento
de Galileo indica que todos los cuerpos sobre la superficie terrestre presentan
la misma tendencia a caer hacia el centro de la Tierra.
Pero, como Aristóteles decía,
una burbuja de aire en el interior del agua sube rápidamente, ¿y
cómo es que sube si presenta una tendencia natural a bajar?. A esta
cuestión Galileo responde que la burbuja sube porque hay otra cosa
que baja ocupando su lugar, ¿el qué?, pues el agua que está
sobre la burbuja. El agua cae desalojando a la burbuja y obligando al aire
a subir, pero si no fuera porque el agua se lo impide con su propia caída,
el aire también bajaría.
Tengamos en cuenta de
nuevo que el concepto de fuerza aún no estaba bien definido. Galileo no creía
que los objetos cayesen por una fuerza de atracción terrestre, sino por
una tendencia propia y natural independiente de los demás cuerpos. Solo
la acción de otros cuerpos podía desviarlos de esa tendencia natural.
Por ejemplo, en el caso de la burbuja, solo la acción del agua al caer
ella misma hace que el aire suba, desviándola de su tendencia natural a
caer. ¿Y de donde nace esa tendencia? De su pertenencia al planeta
Tierra. De la misma manera -pensaba Galileo- un fragmento arrancado al
Sol, o a la Luna, o a cualquier planeta, también caería hacia el centro
del astro al que perteneciera. Esta tendencia de todas las partes de un
astro a caer hacia su centro hace que se unan fuertemente formando un
conjunto esférico.
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