Eppur si muove


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La inercia es la responsable de que no notemos el movimiento de la Tierra, o, mejor dicho, de que “casi” no lo notemos, ya que Galileo tenía “casi” razón. Su error fue considerar que el movimiento inercial es circular, mientras que según la física newtoniana es rectilíneo uniforme. La inercia es responsable de que sea imposible distinguir este movimiento del reposo. Podemos ir en un avión a una velocidad de crucero de 900 kilómetros por hora y llamar tranquilamente a la azafata. Ella acudirá andando tranquilamente, con una amable sonrisa, sin que la elevada velocidad del avión la lance violentamente contra la cola de la aeronave. Le podemos pedir un café y lo podemos tomar con tranquilidad, sin peligro de que, debido a la velocidad del avión, se nos derrame sobre la camisa. Si tenemos una pelota de tenis podemos botarla tranquilamente contra el suelo del pasillo. Si no nos hubieran dicho que estábamos volando, o si no pudiésemos ver a través de las ventanillas, podríamos creer perfectamente que estamos en reposo. En cambio podemos ir también en un autocar que avanza trabajosamente a 50 kilómetros por hora por una carretera comarcal llena de baches y de curvas. ¿Quién es capaz de tomar un café y mantener limpia su ropa?. ¿Dónde está la diferencia entre el avión y el autocar? En que el avión vuela a velocidad constante y en línea recta, es decir, con movimiento rectilíneo uniforme, el único movimiento que no tiene aceleración. Notamos que nos movemos por los acelerones, los frenazos y los cambios de dirección del movimiento, incluidos esos cambios, pequeños pero bruscos, hacia arriba y hacia abajo, debidos a los baches. En definitiva notamos las aceleraciones. Si no hay aceleración no podemos distinguir el reposo del movimiento.

Pero el movimiento de la Tierra no es rectilíneo. Debido al movimiento de rotación diario de nuestro planeta damos una vuelta al mundo cada 24 horas con movimiento circular uniforme, y ese movimiento tiene aceleración, entonces tendríamos que notarlo. ¡Ahora que ya creíamos saber porque no se nota ese movimiento, resulta que sí tendría que notarse!

Se nota, pero se nota poco, porque la aceleración de un objeto situado sobre la superficie de la Tierra debido al movimiento de ésta, a pesar de su enorme velocidad, es muy pequeña. Así que ese movimiento es “casi” inercial porque “casi” no tiene aceleración. Sin embargo sí se nota en algunas cosas, como por ejemplo en el sentido de giro de borrascas y anticiclones, en el del agua que se va por un desagüe y en que esos sentidos de giro sean distintos en el hemisferio norte que en el sur.

Resulta paradójico que, para defender la teoría copernicana, Galileo se esforzase en demostrar que el movimiento de la Tierra no puede notarse. De todas maneras tiene toda la razón cuando dice, con cierta vanidad:

“[…] yo he tenido éxito al demostrar estos y otros hechos, no pocos en número ni menos de reconocido valor, y, lo que yo considero más importante, se ha abierto el camino, del cual mi trabajo es simplemente el comienzo, a esta vasta y excelente ciencia, por el cual otras mentes más agudas que la mía explorarán sus rincones.”